Tres chicos salteños de 9, 11 y 12 años son campeones nacionales de robótica y representarán al país en el Mundial

Tres chicos de Salta se consagraron campeones nacionales de robótica y representarán a la Argentina en la Final Internacional de la World Robot Olympiad (WRO), que se disputará del 8 al 10 de diciembre en Puerto Rico. Lograron la clasificación con un robot autónomo capaz de completar distintas misiones sobre una pista de competencia.

Tres chicos salteños ganaron el campeonato nacional de robótica y representarán a la Argentina en el Mundial de Puerto Rico.

Son Martiniano Di Prieto, de 12 años; Elina Alzugaray, de 11, y Santiago Cruz, de 9, estudiantes del Instituto de Innovación y Tecnología Aplicada (IITA) de Salta. Los tres ganaron el primer puesto en la categoría RoboMission Elementary en la competencia nacional que se hizo el 25 de septiembre en Pilar, provincia de Buenos Aires.

El desafío pone a prueba los conocimientos de construcción y programación. En esta modalidad, los robots deben moverse y cumplir tareas por sí solos, mediante instrucciones programadas de antemano y el uso de sensores, sin recibir órdenes por control remoto durante la prueba. Para llegar, los chicos se prepararon durante meses: construyeron el robot, desarrollaron el programa que controla sus movimientos y lo probaron una y otra vez para corregir errores.

La relación de los tres con la tecnología empezó temprano. Martiniano tenía cuatro años cuando, en una exposición de dinosaurios y robótica en Jujuy, descubrió un robot de LEGO que hacía dibujos. Esa curiosidad lo llevó a empezar clases en el IITA a los cinco, durante la pandemia. «Lo más divertido es que ¡aprendí a programar antes que a leer! Mientras otros chicos estaban conociendo las letras, yo ya estaba dando instrucciones a mis robots», contó.

Elina se acercó a la robótica gracias a su hermano mayor: cuando lo acompañaba a las clases, aprovechaba para ver cómo funcionaban y se programaban las máquinas. Uno de sus primeros inventos fue un robot hecho con una lata de gaseosa. «Lo armé y se movía de verdad. Hasta que un día se rompió. Todavía lo guardo en casa, aunque ya no camine», recordó.

Santiago, el más chico, empezó a estudiar robótica en 2025. Le atraía construir cosas con sus propias manos y descubrió que, con la programación, también podía darles movimiento. Ahora, los tres tendrán la oportunidad de medirse con estudiantes de otros países en uno de los encuentros de robótica educativa más importantes del mundo.

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